Juan Francisco Blanco (Cooperativas Agro-alimentarias Extremadura): “Pretender que las cifras récord de rendimiento se mantengan de forma constante cada campaña no es realista”
Entrevista con
Juan Francisco Blanco
Presidente del grupo de Tomate para Industria de Cooperativas Agro-alimentarias Extremadura
¿Cómo ha sido la campaña del 2025 de cultivo de tomate y cómo se presenta la de 2026?
La campaña de tomate de industria de 2025 en Extremadura no puede calificarse como un buen año desde el punto de vista productivo. Hemos registrado una media de 83 toneladas por hectárea, claramente por debajo de las 92 toneladas que, de media, estaban contempladas en los contratos con la industria. Esta desviación ha tenido un impacto directo en la rentabilidad de las explotaciones y ha supuesto pérdidas importantes para muchos de nuestros agricultores.
La principal causa de esta situación ha sido el comportamiento climático, con episodios de altas temperaturas durante la primavera y el verano que han afectado de forma muy significativa al desarrollo del cultivo.
De cara a la campaña de 2026, el sector afronta el nuevo ciclo con prudencia, porque Extremadura mantiene una posición estratégica en el tomate de industria a nivel europeo gracias a su profesionalización, a la capacidad de sus industrias transformadoras y al papel vertebrador que desempeñan las cooperativas. La planificación entre agricultores e industria, especialmente dentro del modelo cooperativo, permite ajustar superficies, contratos y calendarios, lo que aporta estabilidad a toda la cadena.
En las dos últimas campañas se ha pasado de rendimientos récord a un rendimiento que ajustaba mucho la rentabilidad. ¿Es factible volver a los rendimientos alcanzados en la campaña del 2025 de forma más o menos estable?
Hay que entender que los rendimientos extraordinarios suelen ser el resultado de una combinación muy concreta de factores climáticos, disponibilidad de agua, manejo agronómico y sanidad vegetal. Pretender que esas cifras récord se mantengan de forma constante cada campaña no es realista.
Nuestro objetivo como sector no debe ser tanto perseguir máximos puntuales como consolidar rendimientos altos y estables en el tiempo. Para ello es clave seguir avanzando en innovación varietal, mejora del manejo del cultivo, digitalización de las explotaciones y eficiencia en el uso del agua. Extremadura cuenta con agricultores muy profesionales y con centros de investigación que trabajan estrechamente con el sector, lo que nos permite seguir mejorando campaña tras campaña.
¿Ha cambiado mucho el perfil del productor de tomate en Extremadura y del tamaño de las explotaciones agrícolas en los últimos años?
Hoy encontramos explotaciones más profesionalizadas, con mayor dimensión media y con una gestión cada vez más empresarial. El cultivo del tomate de industria exige una elevada inversión en tecnología, maquinaria, sistemas de riego y conocimiento técnico, por lo que cada vez más agricultores apuestan por estructuras productivas capaces de optimizar esos recursos.
Esto no significa que desaparezca el modelo familiar que históricamente ha caracterizado a la agricultura extremeña, sino que ese modelo se adapta a un entorno más competitivo. Muchas explotaciones familiares han crecido en superficie, han incorporado nuevas tecnologías y han mejorado su organización para seguir siendo viables. En ese proceso, las cooperativas han jugado un papel fundamental como herramienta de apoyo técnico, comercial y financiero para los socios.
¿Hasta qué punto han visto en los últimos años los productores que integran cooperativas con industrias asociadas mejorar su rentabilidad frente a otros que no lo son?
Los agricultores que forman parte de cooperativas vinculadas a industrias transformadoras encuentran un entorno de mayor estabilidad y transparencia en la relación comercial. La integración cooperativa permite planificar la producción, negociar colectivamente y compartir servicios técnicos que mejoran la eficiencia de las explotaciones.
En los últimos años, muchos productores han comprobado que pertenecer a una cooperativa no solo facilita el acceso a la industria, sino que también contribuye a mejorar la rentabilidad a medio plazo. La economía de escala en la compra de insumos, el asesoramiento agronómico, la innovación compartida o la capacidad de inversión en infraestructuras son ventajas que difícilmente puede asumir un agricultor de forma individual.
Además, las cooperativas no persiguen únicamente el beneficio industrial, sino el retorno económico para sus socios agricultores. Ese enfoque alinea los intereses de toda la cadena productiva y refuerza la sostenibilidad del sector.
