Extremadura produjo 24.000 toneladas de corcho en la última campaña

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San Vicente de Alcántara y Jerez de los Caballeros son los principales focos industriales del sector, que crearon empresarios ingleses en el siglo XIX

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La saca de la corcha sigue siendo parte del paisaje natural de sus 250.000 hectáreas de alcornoques y dehesas extremeñas. La región se mantiene como una de las grandes productoras de corcho en ensaca  bruto de España y Europa, con unas 24.000 toneladas en la última campaña, similar a la del anterior. Finalmente, pese al largo periodo de ausencia de lluvias el pasado año, las expectativas han sido mejores para el sector y las industrias de los esperado, según las estimaciones de ASECOR, la Agrupación Sanvicenteña de Empresarios del Corcho, que agrupa a la gran mayoría de las empresas del sector, tanto multinacionales como familiares, los conocidos como “bolicheros”.

En la actualidad, Extremadura produce en torno a un tercio del corcho español. Un sector el del corcho que depende de grandes grupos mundiales, especialmente el portugués Amorim, aunque también de otros como el francés DIAM, y que día a día debe competir con el empuje de los tapones sintéticos en los grandes mercados mundiales de consumo anglosajones.

El sector del corcho extremeño se ha consolidado en uno de los grandes baluartes de la exportación regional año tras año, con más de 115 millones de euros en ventas al exterior. Tanto de manufacturas de tapón natural y aglomerado como de corcho natural descortezado en plancha. El corcho manufacturado tiene como principal destino el mercado francés mientras que el natural y descortezado se dirigen sobre todo a Portugal donde se realiza su industrialización final.

La producción e industrialización del corcho se mantiene en distintos municipios aunque se concentra sobre todo en San Vicente de Alcántara y Jerez de los Caballeros. Aunque otros municipios como Alburquerque, Badajoz, Fregenal de la Sierra, Mérida y Oliva de la Frontera en la provincia de Badajoz, y Aliseda, Cañaveral y Plasencia en la de Cáceres han tenido producción a lo largo de la historia, según documenta José Francisco Rangel, de la Universidad de Extremadura, en su estudio sobre la industria corchera extremeña.

Actualmente, ya solo se encuentran industrias y talleres corcheros como tal en San Vicente de Alcántara, la capital del corcho extremeño, y en menor medida en Jerez de los Caballeros. Este último pueblo, cuna de grandes grupos empresariales extremeños como el de Cristian Lay o el Grupo Gallardo, fue uno de los orígenes del negocio corchero de la región allá por  1845 de la mano de la firma británica Reynolds. Algunos estudios también indicaban que el origen de la industria corchera extremeña se situó en Alburquerque. A San Vicente de Alcántara llegó a través de otro empresario inglés, Henry Bucknall, en 1872.  Y luego la llegada de empresas catalanas en la década de los 60 del siglo pasado puso las bases de lo que hoy es la industria corchera sanvicenteña.

Aunque la industria del sector genera empleo especialmente en San Vicente de Alcántara, la recogida de la corcha sí da empleo en muchas más comarcas pacenses y cacereñas donde abunda el alcornoque. Una de las zonas más activas son las dehesas de Jerez de los Caballeros, Zahínos, Burguillos del Cerro y Salvatierra, aunque también abundan en zonas como Rincón de Ballesteros.

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