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De Nicaragua a Llerena: el viaje del primer chocolate artesano de Extremadura

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Fernando y Ángeles en su obrador-tienda en Llerena

Fernando Moro elabora chocolate artesano importando el cacao y prepara nuevos productos como el bombón de higo

Un viaje cambió la vida de Fernando Moro y también le descubrió el mundo del cacao y los chocolates de calidad. Para convertirse en la actualidad en el único fabricante de chocolate artesano de Extremadura, con obrador y tienda en Llerena, y uno de los pocos que lo elaboran en España, un mercado muy dominado por las multinacionales chocolateras. Pese al cierto parón que ha supuesto la pandemia del Covid-19 en algunos de sus proyectos, planea también elaborar otros productos como bombón de higo.

¿Cómo descubriste el mundo del cacao y de los chocolates de calidad?

Me fui de voluntario a Nicaragua en el año 2011 y allí conocí a Ángeles. Tanto nos gustó el país que decidimos comenzar una nueva vida allí, donde estuve viviendo seis años en la ciudad de Granada, una ciudad colonial preciosa a unos 40 kilómetros de la capital, Managua. Nuestras investigaciones nos llevaron, entre otros hallazgos, al movimiento “bean to bar” (del grano a la tableta) y nos mostraron a Nicaragua como uno de los pocos países del mundo catalogado como productor de cacao fino. Sin embargo, la situación casi de guerra civil que vivió el país nos obligó a volver a España y desde julio del 2018 estamos aquí en Llerena.

Al volver pensamos en montar algún proyecto diferente y aprovechando los contactos que teníamos en Nicaragua nos lanzamos a elaborar chocolate artesano desde noviembre del 2019. Hasta ahora el cacao solo lo importábamos desde Nicaragua pero lo ampliamos  a otras zonas de cacao de gran calidad como Madagascar y Papúa.

¿Es un proceso complejo la elaboración de chocolate?

Es laboriosa. Su elaboración implica al menos 10 procesos que incluyen: la selección -para eliminar la basura y las semillas defectuosas-, el tostado, la separación de la semilla de la cascarilla, la premolienda, la refinación, el conchado, el temperado, el moldeado y finalmente el empacado.

¿Cómo tenéis enfocada la comercialización?

Tenemos obrador y tienda en Llerena, pero un pueblo no es suficiente para la venta de un producto de este tipo Estamos presentes en tiendas de Cáceres y Badajoz, y queremos atacar el mercado de Sevilla, que es muy importante porque hay poca competencia. Estamos con la página web, www.chocolatemoro.com, que nos abrirá más mercados. Las mejores temporadas de venta son otoño e invierno, ya que con el calor en verano se vende poco. También teníamos pensado hacer catas y talleres, para educar al consumidor, pero con las limitaciones del Covid-19 no hemos podido.

¿En qué formatos se vende vuestro chocolate?

Estamos fabricando la tableta de 80 gramos, que se vende entre 4 y 4,50 euros, un precio muy bajo para el mercado. Nuestra idea es subir algo el precio más en la media del mercado. Estos chocolates no tienen nada que ver con los industriales a los que está acostumbrado el cliente, que saben a goma.

¿Habéis pensado en otros productos que tengan como base el chocolate artesano?

Tengo en mente producir también un chocolate con aceite de oliva, pimentón de la Vera y sal que está muy rico, y también elaborar bombones de higo, sin licor, y con praliné de almendra de la zona. Con chocolates que no tienen nada que ver con los belgas con los que se elaboran hasta ahora y que no tienen tanta calidad como se piensa. Se utilizan dos o tres ingredientes: granos de cacao, azúcar de caña y, en ocasiones un pequeño porcentaje de manteca de cacao. Contiene un alto porcentaje de cacao, superior al 70%. Se elabora siempre siguiendo criterios éticos y sostenibles.